Sábado 18 en París, una lucha estudiantil convertida en violencia étnica y racial

Natividad Gutiérrez Chong

Estoy viviendo en París llevando a cabo una estancia de investigación como visitante en Sciences Po. Desde que llegué, a mediados del mes pasado, empezaron las movilizaciones de estudiantes de liceos regionales. Observaba que la sociedad mostraba mucha solidaridad, ya que había una comprensión generalizada de sus demandas, consideradas legítimas y dignas de apoyo. Sciences Po cerró el campus y canceló todas sus actividades académicas en solidaridad con los estudiantes, desde septiembre a la fecha. La indignación y reprobación generalizada por el uso innecesario de violencia policial contra los jóvenes generó que docentes y padres de familia se unieran a los actos de protesta en ciudades regionales hasta llegar a París. Este apoyo de la sociedad a los estudiantes muy jóvenes hizo que otros grupos se unieran en forma multitudinaria para exigir mejores condiciones ante el alto costo de la vida, regulación de los costos de los energéticos y apoyo al sector agrícola francés.

En este punto quiero dejar mi primera reflexión. Las autoridades del actual gobierno francés han subestimado a los grupos más jóvenes, en edad estudiantil, que aún experimentan secuelas del encierro de la pandemia de COVID-19. Los jóvenes regresaron a la escuela, a la calle, a reunirse con sus pares, pero con una nueva sensibilidad ante las carencias, las ausencias, las desinformaciones, la autoridad, los daños. Regresaron muy informados, aunque nunca hayan conocido un periódico impreso, ni sepan leer las manecillas del reloj, han regresado con nuevas habilidades digitales y de comunicación. También se han enfrentado a la vida con mucha elocuencia, crítica y creatividad, regresaron exigiendo mejores condiciones de convivencia y de estudio. Lo puedo decir así porque la experiencia que tuve en el Colegio de Gestión y Desarrollo Interculturales de la Facultad de Filosofía y Letras me permitió ver una herida colectiva difícil, que gritaba y no se sometía, en los alumnes de esa facultad, como ahora la veo en los muy jóvenes de distintos colegios de Francia. Para quienes no han estado ahí día a día, no ha sido fácil entender a los jóvenes que han estado construyendo una nueva forma de radicalismo y conciencia.

Las imágenes de la violencia y la destrucción de París han recorrido el mundo segundo a segundo, y surgen distintos puntos de vista sobre lo ocurrido. Por lo acontecido, se ha transmitido un mensaje que todos pueden entender: si en París pasó, con inaceptables daños al patrimonio histórico, saqueos, brutalidad entre policías y otros manifestantes, es como tener permiso para replicarlo; y así ha sucedido en otras ciudades europeas. Francia exportó el modelo educativo republicano al resto del mundo. Quien haya leído a Eugen Weber, Peasants into Frenchmen, comprenderá que la escuela ha sido la fábrica para generar cohesión social e identidad nacional. La Secretaría de Educación Pública de México, con José Vasconcelos a su cargo en ese entonces, lo entendió clarísimo; de ahí que la educación pública en México, aunque mala e insuficiente, como suelen decir, existe masivamente desde 1960, con los libros de texto gratuitos, y ha replicado e implementado el modelo educativo francés.

Se ha exportado al mundo que la nación francesa responde a los ideales de la República representada en Marianne, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Hasta aquí la versión idílica o la que existía hasta el sábado 18. Las imágenes de los saqueos, la violencia, la destrucción del patrimonio, de las banquetas para lanzar los ladrillos como proyectiles, tienen rostros étnicos y de raza, de color de piel. Las imágenes hechas virales sí sostienen esta generalización. Sí, en mi opinión, estamos entrando a una etapa donde la asimilación cultural, lingüística no fue lograda como tipo ideal, y en vez de ello, jóvenes descendientes de migrantes, o migrantes recientes con su etnicidad a cuestas, han sido colocados en la sociedad francesa como castas. No he visto a un africano/a en un puesto de trabajo que no sea de cajero en el supermercado, de cargador, de recogedor de basura. De 10 personas de origen afro, se puede observar en cualquier calle, que las 10 están en condición sumamente precaria. Están arrinconados en los barrios, no necesariamente lejanos, pero que se han transformado en lugares de residencia de migrantes de diferentes identidades. He visto, en los mercados al aire libre, cómo sus puestos de ropas y mercancías de piratería son levantados y arrojados con violencia por la policía. En realidad, no tienen ninguna oportunidad, y se advierte un profundo resentimiento social y cultural, pues no tienen la emoción necesaria para replicar ningún tema cultural de la Francia histórica y republicana.

Un gran debate se centra en la selección nacional de fútbol, pues la mayoría de los futbolistas son de origen africano, muchos de ellos nacidos y formados en territorio francés (hijos o nietos de inmigrantes de antiguas colonias), aunque también hay casos de jugadores nacidos en el continente africano.

Se calcula que hay de 8 a 10 millones en territorio francés, la mayor concentración de africanos en Europa. Provenientes del Magreb (Norte de África) y del África subsahariana, regiones enlazadas con el pasado colonial impuesto por Francia. Argelia representa el grupo más numeroso (alrededor del 43% de la población musulmana del país). Marruecos es el segundo origen principal (cerca del 27-28%). Túnez constituye otra parte importante (alrededor del 11%). África subsahariana, alrededor del 9%, procedente de países como Senegal, Malí o Costa de Marfil; y Turquía, aproximadamente el 8-9%.

Otro hecho importantísimo: los africanos son los musulmanes, así que se juntan dos identidades que están reviviendo odios históricos insuperables. Ceuta, en España, es un caso que se siente fuerte en Francia, por la ocupación de viviendas y por la apropiación por derecho propio ante cualquier carencia no resuelta por el Estado.

El punto al que voy es que hay que nombrar que sí, se trata de etnicidad, y un factor étnico poderoso es la religión y de razas que están pauperizadas y excluidas. Esta extrema pobreza causa resentimiento porque es la que impide movilidad social, y usan la fuerza para apropiarse de lo que nunca tendrán, el acceso al lujo de las boutiques y marcas célebres de París, que es una de sus marcas turísticas y artísticas. Sin duda, hay diferencias de opinión, no defiendo el lujo construido para resaltar los privilegios de una elite y así distinguirla, sino critico que el acceso al lujo es exclusivo de los blancos, de los asiáticos o los africanos adinerados, y de los aspiracionistas a la blanquitud.

Las mujeres musulmanas que llevan el hiyab han sido nuevamente señaladas y criticadas, pues no son vistas como mujeres libres, sino sujetas al control patriarcal. Las mujeres están siendo usadas por el patriarcado blanco para poner a la religión musulmana en su dimensión más retrógrada que atenta contra los derechos de las mujeres.

Hace más de 30 años, observé una conversión masiva al islam, en Trafalgar Square, en Londres. Por primera vez escuché que el objetivo era terminar con la civilización y los valores de occidente y lograr que la humanidad entera sea regida por la divinidad del islam. El islam es una religión de conversión que busca ser universal. Esta pretensión suele radicalizar con mucha ferocidad a los blancos cristianos, católicos, de Europa. Otro hecho importante: la población blanca va decayendo demográficamente, mientras que la musulmana va en aumento progresivo.

Los acontecimientos del sábado 18 han dado lugar a que observadores expresen que esto se debe a que se permite el multiculturalismo al que critican como “falsa ideología” que hace creer que todas las culturas y religiones son iguales. El multiculturalismo surgió como una política para proveer a migrantes de espacios para reproducir culturas, lenguas y religiones, pero no en un plano de igualdad, sino de simple reconocimiento. La interculturalidad, en cambio, es un gran movimiento intelectual que propone que todas las culturas son iguales, que ninguna es mejor que otra, pero sus avances en cualquier sociedad son todavía muy incipientes. Lo que estos observadores proponen es regresar al sometimiento, a la dominación, a la intolerancia, a la deshumanización, y esto solo tiene una parada final: el recrudecimiento del resentimiento, el uso de la violencia, por parte de los excluidos, que ahora están armados con tecnología digital, con el poder demográfico que tienen y porque están aprendiendo a romper ideales atesorados como intocables. Se disipó rápido la lucha de los estudiantes muy jóvenes.

Mi reflexión final es que la etnicidad y el factor raza van a ser determinantes en las demandas y fracturas de cualquier nación.

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